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¿Por qué leemos? Sábado, 20 enero, 2007

Posted by henryo in Literatura.
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¿Por qué leemos?

En primer lugar, leemos porque queremos; se supone que produce placer.

Leemos, también, por obligación; es mi caso, algunas veces.

Leemos narrativa por las mismas razones que vemos películas, teleseries, leemos noticias, prensa del corazón,… para enterarnos de vidas ajenas, aunque sean ficticias. La manera más frecuente de enterarse de vidas ajenas es con el trato social (lo que solemos hacer unos con otros es contarnos historias.) El conocimiento de vidas ajenas debe de ser bueno, por lo menos, por dos razones:

Aprendemos mucho de otros.

Aventuro una razón más: viendo desde fuera la historia de otro, vemos desde fuera nuestra historia; por tanto, aprendemos a situarla en sus coordenadas, con más objetividad.

La razón anterior es válida únicamente para la narrativa. Paso a apuntar otra razón válida para todo tipo de literatura actual (exclusivamente la actual): leemos esta clase de literatura por la misma razón que seguimos cualquier otro tipo de actualidad. Sirve pues para lo mismo que mirar escaparates, seguir los deportes o pasear por un paseo marítimo cuando hay bastante gente, sirve para saber por dónde va la sociedad. Debe de existir una necesidad, que se satisface de múltiples formas, de averiguar qué hace la sociedad de ahora.

Algunas formas literarias les sirven a algunos para entrar en contacto con su intimidad sentimental. No sólo sirve la literatura, por ejemplo, las canciones sirven de sobra. Esta necesidad no parece tenerla todo el mundo ni servir toda la literatura.

Algunas obras, escasas, sirven para cubrir otra necesidad: poder pensar. Creo que, aparte del trato personal y nuestra experiencia directa de la vida, únicamente la lectura –algunas lecturas, no muchas- nos permiten saber algo muy difícil: qué pensamos realmente. Es decir, vemos las ideas del autor, reconocemos nuestras ideas, confrontamos nuestras ideas con las del autor. Yo creo que sólo con la lectura (con algunas lecturas) queremos dialogar/discutir con el autor. No sirven ni el cine ni la música ni la pintura ni cualquier otra cosa.

Menos obras todavía; diez o quince, cincuenta a lo sumo, nos permiten saber quiénes somos. Creo que todo el mundo (aunque no haya leído nunca) es el resultado de unos pocos libros escritos hace mucho tiempo, de los que casi no tenemos noticia. Es decir, la mayor parte de los libros que leamos no nos influyen, afortunadamente, gran cosa y, sin embargo, todos somos producto de unos pocos libros. Por ejemplo, casi nadie ha leído los “Elementos” de Euclides y, no obstante, establece una forma de pensar que no se había tenido antes y que nos condiciona decisivamente a todos.

¿Qué es la gran literatura?

Yo no sé qué es la gran literatura; no sé distinguir lo bueno de lo malo, no puedo dar ninguna clase de criterio. Mi opinión sobre las cosas cambia cuando hablo con otros, cambia en el recuerdo; a veces, convenzo a algunos, otras, no.

Si sé, en cambio, que algunas obras de la gran literatura (de la gran pintura, del gran cine, de la gran música,…) son más fuertes que la vida, que mi vida, que el mundo que crean merece más la pena ser habitado que el mío. Puede ser un mundo espantoso, cruel, inhabitable, desolador, árido, sin salidas pero es mucho más intenso que el mío.

También sé que, cuando hay cualquier obra, de cualquier género, en cualquier arte, que sea grande va a cambiar nuestra mirada sobre el mundo. A partir de ese momento, se convierte en una guía mucho más inteligente que su propio autor. No importa lo estrecho, convencional o chato que sea el autor; nos dirá mucho sobre muchas facetas.

Parte de la gran literatura sobrevive a las generaciones. Cuando los incendios del tiempo devastan las bibliotecas puede quedar reducido a cenizas mucha calidad; lo que múltiples tiempos han considerado con interés ofrecerá nuevas facetas.

Queda, por supuesto, un gran problema. ¿Qué hacemos con lo más habitual? No se trata de lo malo, de lo inútil, de lo aburrido, de lo farragoso. No, lo más habitual consiste en obras de mérito pero éste es parcial. Se trata de las medianías, sin ellas, no existiría la literatura (por ejemplo, no se daría la producción editorial.) Tienen interés, incluso, con el tiempo, ganan interés –pueden pasar a tener un interés arqueológico- Suele ser bastante injusto que unas permanezcan y otras no e, inevitablemente, deben ir quedando escondidas con el paso de las generaciones.

Por último, me gustaría citar a Borges, con una cita que creo que es bastante pertinente:

“A un poeta menor.
_La meta es el olvido.
_Yo he llegado antes.”

Comentarios»

1. diana - Miércoles, 21 febrero, 2007

porqué nos sale.


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